Pailimo-Las Garzas: tradición ovejera

Pailimo-Las Garzas: tradición ovejera

El libro

El libro La tradición de la ovejería en Pailimo y Las Garzas, desarrollado en el contexto del Programa para Pequeñas Localidades del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, que busca mejorar la calidad de vida en localidades de hasta 2000 habitantes, es un registro emotivo y actualizado de la situación de una zona campesina y de secano costero, que bien puede ser representativa de otras realidades de la Región de O'Higgins. Considerando las particularidades de esta localidad, este libro nos lleva a constatar la necesidad de una comunidad de mantener en la memoria y en el quehacer las tradiciones campesinas que se están diluyendo con la modernidad y la migración a las grandes ciudades.

La tradición de Pailimo-Las Garzas está amarrada con lazos fuertes a la ovejería y todos los saberes y actividades que de ella se desprenden: el uso de la carne y el aprovechamiento de la lana. El libro nos cuenta que son al menos 5 las generaciones las que, en mayor o menor medida, tienen arraigo con esta tradición, cuyas manifestaciones “actualmente conforman un valioso patrimonio cultural inmaterial”.

Lo que nos cuenta el libro sobre Pailimo-Las Garzas

La localidad de Pailimo-Las Garzas, rural y campesina, tiene alrededor de mil habitantes, y tiene su origen en el proceso de transformación de un antiguo fundo patronal que empujó la Reforma agraria. Antes de este trascendental proceso, las obligaciones de inquilinaje, práctica que exigía que los campesinos cumplieran con una cuota de mano de obra, ya fuera propia o de hijos o nietos, para mantener los derechos de vivienda y teneduría de un espacio propio de siembra y cosecha, que se perdían inmediatamente de no cumplir con tal obligación. La reforma agraria terminó con esta práctica abusiva, y aunque los dolores de esos tiempos persisten en la memoria de las personas que habitan el territorio, también perduran los días buenos, los de las familias reunidas y habitando con orgullo el territorio propio en comunidad, de cada hijo en su casa, todos trabajando duro pero con conciencia de que esto ya es para el propio sustento.

La crianza de las ovejas

Los crianceros de ovejas de Pailimo-Las Garzas atesoran un conocimiento muy rico respecto de la forma en que se deben cuidar los rebaños. En el libro, cada uno de los entrevistados maneja un lenguaje que entrelaza los términos de antaño con los conceptos más modernos y tecnológicos sobre ciclos reproductivos, propiedades de la carne, manejo de la alimentación y la salud de los animales, entre otras cuestiones. Da gusto ver la presencia del Estado en el campo, con un motivo que va más allá de los réditos productivos, por las magnitudes que se manejan a esta escala, y que se enfoca más bien en el bienestar de las personas.

La parte del libro que esperaba: el trabajo de la lana

Parto contando que llegué a este libro por mi mamá. Es un orgullo para la familia que tenga un lugarcito del mismo reconociendo su trabajo.

Es también muy emotivo identificar en las palabras de las entrevistadas la historia de sacrificios y esfuerzo que les significó a sus abuelas, sus madres, y hasta a ellas mismas, ser el pilar de las familias, un rol no reconocido como tal, pero que es claro como el agua. El abrigo de la familia estaba en sus manos, y eso genera oficio. 

Y el origen funcional de las prendas no aminora las posibilidades creativas: ahí entran los tintes naturales. La señora Jeorgina Cabezas Rojas, a quien por fortuna conozco, cuenta en el libro que su abuela usaba chilca, boldo y también quintral de maqui, y que para oscurecer y obtener negros, usaba barro, tal como hace el pueblo mapuche y tantos otros pueblos en la historia del mundo. 

La lana se lava, se hila, se tiñe y se teje. Y si bien todo esto ante era parte de un ritual necesario en las funciones de "pilar familiar" de las mujeres, hoy hay quienes lo siguen haciendo, por lo general como oficio por el que se procuran ingresos económicos. El lavado de lana ya casi no se hace en el campo, se manda a hacer a unos lugares fuera de la región donde se lava de forma industrial. Porque tal como apunta la señora Prosperina Quijada Arias en su entrevista, el lavado es una tarea muy pesada y ya no quedan más que unas pocas personas que lo siguen haciendo por sus propios medios. En este punto es donde, a veces, la motivación de las nuevas generaciones de artesanas termina, y por otro lado, nace un potencial que podría sumar fuerzas a este sector, ya que la lana de oveja como subproducto de la actividad ganadera es una realidad en la región. 

La esquila

El sentido comunitario de la actividad de la esquila es lo que se releva en este capítulo. El ritual de esquilar las ovejas, como proceso necesario para el bienestar de los animales, realizado de la manera tradicional y campesina de corte con tijeras, y la forma colaborativa en que se aborda, dice mucho también del arraigo de los habitantes de Pailimo-Las Garzas con su territorio, su comunidad y sus tradiciones. 

 

Sin dudas, esta es una lectura llena de emotividad para quienes nos identificamos con el campo chileno, y que muestra cómo en una pequeña localidad de la región aún se rescatan las cosas buenas de una tradición campesina que, a mi entender, tiene de dulce y de agraz.

Documental


Angela.


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